La España llena (de mujeres)

Pocos fenómenos culturales tienen un comportamiento tan cíclico como el de la literatura rural. Desde hace algún tiempo, cada tres años aparece un escritor que trata de llamar la atención sobre algún aspecto de la vida en el campo, y los lectores siempre recogen el guante con un énfasis especial. Y es que, en el fondo, todos tenemos mala conciencia por la indiferencia que mostramos hacia el lugar de donde proceden nuestras raíces. Dando por sentados nombres como Miguel Delibes o Julio Llamazares, sólo hay que echar un vistazo a la última década para reparar en la regularidad con la que se reproduce el fenómeno: Jesús Carrascoen el 2013, Sergio del Molino en el 2016 y María Sánchez(Córdoba, 1989) en la actualidad. Lo dicho: cada tres años.

A medio camino entre el ensayo, la reflexión y la memoria familiar, ‘Tierra de mujeres’ es un libro que da voz a la gente que vive lejos del asfalto. La autora procede de una familia de veterinarios rurales, siendo ella la primera mujer que se dedica profesionalmente al oficio, y eso le confiere la suficiente autoridad como para lanzar un discurso vindicativo en el que, entre otras cosas, introduce un elemento poco abordado hasta la fecha: el feminismo.

Sánchez denuncia el silencio al que han sido tradicionalmente sometidas las mujeres que trabajan la tierra y se asigna el papel de altavoz de esas compañeras que han sido olvidadas tanto por los varones, como por sus congéneres de las grandes ciudades. De hecho, la autora llama “narrativa invisible” a la ausencia de literatura en torno a este tema y lanza algunas preguntas que deberían ser analizadas con calma por las instituciones pertinentes. Por ejemplo: “¿Y si el problema de la despoblación comenzó por la falta de atención y la constante discriminación hacia todas las mujeres de nuestros pueblos?”. Da que pensar, la verdad.

Por otro lado, no se puede analizar ‘Tierra de mujeres’ sin hacer alusión a los dardos lanzados contra su antecesor en el género: Sergio del Molino. Aunque no lo menciona, sólo hay que mirar el índice para darse cuenta de que estamos ante un ataque frontal a ‘La España vacía’ . Sin ir más lejos, uno de los capítulos se titula ‘La España vaciada’ . Más claro, agua. Además, Sánchez repite hasta la saciedad una idea que, en verdad, ya nos quedó clara en las primeras páginas: hay periodistas de ciudad que se atreven a hablar del campo sin haber vivido nunca en él. El cuchillo no puede estar más afilado. Así las cosas, hasta la fecha no hay noticia de que el aludido haya sentido la necesidad de replicar.

En cuanto al estilo del libro, baste decir que la narración salta de lo poético a lo periodístico con una facilidad un tanto inquietante. Quiero decir que hay momentos –sobre todo en los primeros capítulos– en los que el lector tiene la sensación de que se va a enfrentar a un texto de alto contenido poético –algo lógico si tenemos en cuenta que Sánchez no sólo es autora del poemario‘Cuaderno de campo’ , sino que además coordina el proyecto‘Almáciga’ , que ella misma define como un vivero de palabras procedentes del entorno rural que están des­pareciendo por falta de uso o, mejor dicho, por falta de protección institucional–, pero rápidamente la narración se convierte en un alegato que prioriza lo vindicativo frente a lo narrativo, lo cual no sería un problema si en las primeras páginas el lenguaje no hubiera estado tan trabajado. Por decirlo de un modo sencillo: da la sensación de que Sánchez tiene prisa por terminar el libro y de que, movida por esta urgencia, se centra más en el contenido que en el continente. Y es una lástima.

Con todo, ‘Tierra de mujeres’ es un ensayo necesario que pone el foco sobre un tema harto interesante: la necesidad de ampliar el discurso feminista para que no afecte únicamente a las mujeres de las grandes ciudades, sino también a las del mundo rural. Sólo por esto, merece ser leído por todo el mundo. A fin de cuentas, debajo del asfalto sigue habiendo tierra.

(Publicado en Cultura/s -La Vanguardia-, el 23 de marzo de 2019).