La era de la igualdad

Reunimos a cinco de los escritores más importantes del momento para debatir sobre igualdad y ficción. El encuentro se produce en La Vinoteca Torres de paseo de Gràcia y, entre vino y vino, los tertulianos extraen conclusiones sobre la manifestación del 8 de marzo, el fin del machismo, la confusión entre realidad y ficción, y la relectura en clave feminista de los grandes clásicos.

Pilar Eyre acaba de publicar Carmen la Rebelde (Planeta), en la que reconstruye la vida de la actriz -y amante de Alfonso XIII- Carmen Ruiz Moragas; Llucia Ramis ha ganado el Premi Llibres Anagrama de Novel·la con Les possesions (Anagrama/Libros del Asteroide), en la que relata una época oscura en la biografía de su padre; Najat El Hachmi ha vuelto al tema de la inmigración con Mare de llet i mel (Destino/Edicions 62), donde desgrana la historia de una marroquí afincada en Cataluña; Jordi Puntí ha sorprendido a la crítica con su libro de cuentos Això no ès Amèrica (Empúries/Anagrama) y ahora publica una loa al jugador de fútbol más importante de todos los tiempos titulada Tot Messi (ídem); y Agustín Fernández Mallo ha merecido el Premio Biblioteca Breve con Trilogía de la guerra (Seix Barral), una novela que reflexiona sobre las guerras, los muertos y el mundo en que vivimos. Juntos componen un equipo de primera división y han venido a la Vinoteca para charlar sobre los grandes temas del momento.

Pregunta.- ¿Estamos realmente en el año de las mujeres?

Pilar Eyre.- La época que vivimos se resume con dos imágenes: las mujeres de las zonas rurales saliendo a manifestarse el 8 de marzo y Carme Chacón pasando revista a las tropas durante su embarazo. Estos dos acontecimientos explican perfectamente lo que está ocurriendo.

Llucia Ramis.- La prueba de que el 8 de marzo fue un éxito la encontramos en las declaraciones de los políticos. Un día antes, quitaban importancia a la manifestación; un día después, todos decían que también eran feministas.

Najat El Hachmi.- Mi generación creció creyendo que el feminismo era una cosa desfasada, algo que hacían aquellas mujeres que quemaban sujetadores en los 70. Pero este año todas hemos abierto los ojos, nos hemos dado eso que Lucía Lijtmaer llama 'el golpe en la cabeza', y hemos unido nuestras protestas a las que ya lanzaron nuestras madres.

Pilar Eyre.- Es que las mujeres de mi generación tuvieron que luchar mucho para conseguir los derechos de los que ahora gozáis las jóvenes. Pero aún queda mucho por reclamar.

Pregunta.- De repente parece que todo el mundo es feminista. ¿Es creíble?

Agustín Fernández Mallo.- Sí. Y por un motivo: la primera mujer que luchó para conseguir que los hombres se pusieran preservativos no benefició únicamente a las mujeres, sino también a los hombres. A partir de ese momento, el feminismo dejó de ser una cosa de cuatro locas que quemaban sujetadores.

Pilar Eyre.- Quiero recordar que quemar un sujetador es muy difícil. Las varillas lo complican. Y sé de lo que hablo.

Agustín Fernández Mallo.- Claro, es que el primer diseñador de un sujetador realmente efectivo fue un ingeniero aeronáutico. Pero, volviendo al tema, en el siglo XXI ha habido dos grandes revoluciones: la teoría de género, que nos permite repensar el cuerpo; y la nueva ola feminista que por primera vez se ha convertido en algo transversal. El feminismo ya no es algo que afecte sólo a las mujeres.

Jordi Puntí.- De todas formas, el hecho de que el feminismo sea transversal hará que se convierta en algo superficial. Y hay que tener cuidado con eso.

Pilar Eyre.- Pues yo me alegro de que se popularice. Los animalistas conseguimos que se extendiera la idea de que maltratar a un animal era cruel, y ahora todo el mundo lo sabe. Lo mismo ha de ocurrir con el feminismo: si se populariza, el machismo descenderá.

Llucia Ramis.- Está bien que se popularice, pero también ha de ser profundo.

Pregunta.- ¿Y lo es?

Llucia Ramis.- Si no hubiera sido por la eclosión del feminismo, yo no me habría dado cuenta de que mis jefes me estaban minusvalorando. Por ejemplo, algunos críticos dicen que hay mucho sexo en mis novelas y, hasta ahora, yo me tomaba en serio sus comentarios. Pero me he dado cuenta de que a los escritores varones no les dicen esas cosas. Me las dicen a mí por ser mujer. Como si yo no tuviera derecho a tener deseo.

Pilar Eyre.- De todas formas, se acaba de publicar un informe que asegura que las mujeres no conseguiremos la igualdad real hasta dentro de cien años. En la década de los 20, las feministas quemaban corsés, no sujetadores, pero llegó el franquismo y todo volvió atrás.

Llucia Ramis.- Es que los hombres tienen el poder y nunca se lo cederán a la otra mitad de la población.

Jordi Puntí.- Pero ahora ya no hay marcha atrás. El movimiento es tan transversal que quien no se suba al carro simplemente se quedará atrás. Si un escritor no se adapta a los tiempos que corren, será expulsado de la realidad.

Pregunta.- Hace un par de años se puso de moda el término «cipotudo» para hablar de un tipo de escritor que seguía defendiendo los valores masculinos tradicionales. Pero, al mismo tiempo, las escritoras feministas tomaron las editoriales. ¿Hay una polarización del discurso de género?

Agustín Fernández Mallo.- El mundo literario es exageradamente machista. Cuando yo aterricé en este sector, me quedé horrorizado ante la cantidad de cafres que había. El mundillo literario todavía está dominado por gente que cree que un escritor ha de ser un hombre alcohólico, con sobrepeso, sin más obsesión que las tetas y sin ninguna vida doméstica. Es un concepto subdesarrollado del que ya se empieza a hacer parodia.

Pilar Eyre.- Pero, si miras las cifras de ventas de esos escritores tan «cipotudos», verás que son ridículas. Las que venden son las mujeres.

Preguntas.- Últimamente se ha hablado mucho de Lolita de Nabokov. ¿Creéis que hay que jugar a los clásicos con los raseros actuales?

Pilar Eyre.- Lolita es un libro estupendo con un personaje detestable. Y punto. Los escritores deben trabajar con libertad. A mí me suelen decir que escribo escenas machistas, pero no me afecta en absoluto. El día en que me digan lo que debo escribir, abandonaré el oficio.

Jordi Puntí.- El humorista alemán Karl Valentin decía: «Todo ha sido dicho, pero no por todo el mundo». Los escritores tienen derecho a escribir lo que quieran y cada uno debe hacerlo a su manera. No debemos olvidar que el subtítulo de Lolita es Confesiones de un viudo de raza blanca. Ese subtítulo te da la clave para entender el libro.

Pregunta.- Algunos de vosotros mezcláis realidad y ficción en vuestras novelas. ¿No teméis confundir al lector?

Llucia Ramis.- Hoy, con las redes sociales y las fake news, nadie sabe qué es verdad. Y esa confusión beneficia a los escritores, que podemos fingir que hablamos de nosotros mismos cuando en verdad no lo hacemos. O sí.

Agustín Fernández Mallo.- En literatura no existen la verdad o la mentira. Sólo existe lo verosímil y lo no verosímil.

Najat El Hachmi.- De todas formas, quienes hacen una lectura de nuestras novelas preocupándose por la verdad que ocultan son los periodistas. En mi caso concreto, dicen que mis novelas son autobiográficas, pero no es así. Yo hablo de una realidad compleja, la de la inmigración, que veo a mi alrededor. Pero la prensa me pone etiquetas: literatura femenina, literatura de la inmigración y suma y sigue.

Jordi Puntí.- Es que vivimos en un entorno literario provinciano. Seguro que a Zadie Smith nadie la etiqueta como literatura de la inmigración. El problema es que todo el mundo confunde autobiografía con autoficción, que es un territorio en el que el auténtico yo se esconde y aparece el yo literario. Cuando un escritor se elige a sí mismo como material literario, se convierte en otra cosa.

Agustín Fernández Mallo.- Todo es autobiográfico y, al mismo tiempo, no lo es. No se puede escribir sobre nada que no esté previamente en ti. Si un lector te pregunta cuánta verdad hay en tu novela, debes responder: ¿Y qué importa eso? Lo que cuento es algo que ha ocurrido en mi imaginación, luego es algo que me ha ocurrido a mí. Chesterton dijo en una ocasión: «Un día vi la verdad y no tenía sentido». La verdad no tiene sentido, sólo el relato lo tiene.

Najat El Hachmi.- La tradición oral marroquí está llena de relatos tremebundos y, cuando nuestras madres nos los contaban, siempre afirmaban que eran reales, que habían ocurrido en un pasado remoto, que no eran ficción.

Llucia Ramis.- Yuval Noah Harari explica en Sapiens (Debate) que los hombres construyeron los mitos para unir a la sociedad. El miedo hace que estemos juntos. Y para conseguir crear miedo, hay que construir relatos que parezcan reales.

(Artículo publicado en El Mundo Cataluña, el 23 de abril de 2018.)