Dos lenguas

EL DOMINGO pasado, Javier Cercas publicó un artículo de opinión en El País Semanal (Dos lenguas, dos literaturas y un golpe, 2 de diciembre) en el que, apoyándose en unas declaraciones del crítico Ignacio Echevarría, afirmaba que la literatura catalana estaba compuesta por dos tradiciones (la escrita en catalán y la escrita en castellano) que prácticamente no se comunicaban entre sí. Y a continuación reflexionaba sobre el papel que, en su opinión, habían jugado los políticos separatistas en todo este asunto.

Hace unos años, yo habría suscrito la primera parte de ese artículo sin cambiarle ni una coma, pero actualmente creo que hay que añadirle alguna nota a pie de página. Es cierto que, como dice Cercas, los escritores en castellano han mirado tradicionalmente por encima del hombro a sus colegas en catalán, sobre todo al verse respaldados por un sistema editorial y una atención mediática que superaban con creces a las que estaban a disposición de los otros. Y en consecuencia sería lógico pensar que dicho desequilibrio pudo alimentar cierto resentimiento por parte de los autores en lengua catalana.

Pero no creo que, a fecha de hoy, se pueda seguir afirmando que las dos literaturas no interaccionan. De hecho, creo que ocurre justamente lo contrario. El incremento de la producción en catalán ha sido tan salvaje en el último lustro -los datos de Editors.cat lo demuestran- que ya hay incluso quien habla de una burbuja editorial. Actualmente, se publica mucho, se escribe mucho y, lo más importante, se lee mucho en catalán. Estamos viviendo una transformación de carácter histórico que, indiscutiblemente, va ligada a la situación política del país. Porque el procés ha cometido muchos fallos, esto salta a la vista, pero también ha tenido aciertos, el más interesante de los cuales ha sido la concienciación de que, en Cataluña, existía una cultura arrinconada.

Esto ha hecho que muchísimos escritores catalanes en castellano -entre los que me incluyo- hayamos tomado conciencia de que nos habíamos dejado llevar por nuestros propios intereses y de que no habíamos atendido a la cultura en catalán con el rigor que se nos presuponía. A este respecto, reconozco sin esconderme que, hace diez años, yo no leía absolutamente nada en catalán y que, más grave todavía, no era consciente de estar haciendo nada mal. Y tengo una enorme cantidad de colegas que, aunque ahora lo nieguen, vivían en el mismo limbo que yo. Por suerte, esto ha cambiado. Hoy ser escritor en Cataluña y no leer en catalán no sólo es un anacronismo, sino también una indecencia que ya no comete casi nadie.

De igual forma, la interrelación entre ambos grupos de autores ha mejorado de forma sustancial. Si es cierto que hace unos años ambos mundos discurrían en paralelo, también lo es que hoy la interacción es -hiperventilados al margen- total. Cercas ponía el ejemplo de Gonzalo Torné y de sí mismo para mostrar casos de escritores que atienden a ambas lenguas por igual, pero a continuación decía que «no creo que resulte fácil encontrar escritores en castellano con un interés por la literatura en catalán que sobrepase el límite de lo superficial y consabido». Y aquí es donde se equivoca. Porque lo difícil es, a día de hoy, encontrar lo contrario, es decir, a escritores que no se interesen, de un modo profesional y personal, por lo que hacen sus colegas de la otra tradición.

(Artículo publicado en El Mundo Cat, el 04 de diciembre de 2018)