Cervantes en Barcelona

LA SEMANA pasada, el Institut Ramon Llull, el ICUB (Institut de Cultura de Barcelona) y el ICEC (Institut Català de les Empreses Culturals) convocaron a varias asociaciones de escritores para informar sobre los pasos que habrían de seguir a la hora de llevar a buen puerto la invitación que la Feria del Libro de Buenos Aires ha lanzado a Barcelona para convertirla en 'ciudad de honor' de su edición de 2019.

Como vocal de la Junta de la ACEC (Associació Col·legial d'Escriptors de Catalunya/Asociación Colegial de Escritores de Cataluña), entidad de carácter sindical que defiende a todos los literatos independientemente de la lengua en que se expresen, asistí a la reunión junto a nuestro presidente, David Castillo, y escuché con interés las explicaciones que Izaskun Arretxe (IRLL), Marina Espasa(Barcelona Ciutat de la Literatura) y Joaquín Bejarano (ICEC) dieron sobre el modo en que pensaban distribuir los cuatrocientos mil euros con los que cuentan para su participación en un evento que se extenderá entre el 23 de abril y el 12 de mayo del próximo año. A grandes rasgos, el programa es el siguiente: trasladar a unos 35 escritores de la capital catalana, defender la existencia en Barcelona de una de las cadenas del libro más sólidas del mundo, desplegar un mapa literario de la ciudad y, por último, hacer hincapié en la historia de exilios cruzados que ambos países/ciudades tuvieron a lo largo del siglo pasado.

Hasta aquí, todo perfecto. Sin embargo, hubo un punto que nos hizo arquear la ceja. Los organizadores manifestaron su intención de aprovechar la popularidad de la que gozan ciertos escritores barceloneses (léase los que escriben en castellano, como Juan MarséEnrique Vila-Matas o Eduardo Mendoza) para difundir la obra de los autores en lengua catalana que, debido a las dificultades de traducción, son desconocidos para el público argentino. Como estrategia de promoción, no está mal. Pero, lógicamente, nosotros alzamos la mano para recordar a los organizadores que en esta ciudad también hay autores que escriben en castellano y que, pese a esto, nadie conoce en aquellas tierras. Porque, oigan, para saltar el charco no basta con un idioma común. Al oír nuestra protesta, tanto Arretxe como Espasa y Bejarano nos dieron la razón y aseguraron que elegirían a los representantes de la literatura barcelonesa de un modo equitativo, evitando convertir el acontecimiento en la fiesta de la parcialidad. Y es que la Feria de Frankfurt 2007 sigue estando en el pensamiento de muchos, la verdad. El Ramon Llull dice que eso no ocurrirá en esta ocasión y, de momento, nosotros nos alegramos.

Pero en la reunión se abordó otro asunto que también requiere de una reflexión. Según aseguraron los organizadores, el Instituto Cervantes -o, en su defecto, el Centro Cultural de España en Buenos Aires- no se ha puesto en contacto con el Ramon Llull o con el Ayuntamiento para ofrecer su colaboración. Y esto ya es de juzgado de guardia. Desde el momento mismo de la designación, el gobierno central tendría que haber telefoneado al Institut Ramon Llull con la intención de acordar estrategias comunes para la promoción de los autores barceloneses que ahora tienen la oportunidad de dar a conocer su obra en Argentina. De hecho, lo normal sería que el Cervantes se ocupara de los autores catalanes en lengua castellana y que el Llull hiciera lo propio en la catalana. Pero en este país (Catalunya o España, me da igual) ya no hay nada normal. Y los que acaban pringando son, como siempre, los que sólo quieren trabajar.

(Artículo publicado en El Mundo el 02 de octubre de 2018).