La Diada de Napoleón

En 1982, el escritor polaco Stanislaw Lem promulgó su famosa Ley de Lem: «Nadie lee nada; los pocos que leen, no comprenden nada; y los poquísimos que entienden lo que leen, se olvidan enseguida». La cita se ha convertido en un clásico de la literatura universal, pero resume a la perfección el ambiente que se respiraba en la primera Diada celebrada por el partido de nuevo cuño Catalunya En Comú, cuya cara más visible, al menos en estos días, es la de Ada Colau, una mujer que apoya la celebración de un referéndum pero que, al mismo tiempo, no apoya la celebración de este referéndum.

Entre el millar de personas que se reunieron en el Parque de Can Zam había tantas opiniones que daba la impresión de que, tal y como sentenció Lem, nadie entendía nada o de que, cuando menos, nadie sabía qué debía entender. De hecho, el asunto del 1-O se ha convertido en un embrollo tan grande que ayer no extrañó ver a los congregados protegiéndose del Sol con las páginas de los periódicos que convertían en sombreros de papel estilo Napoleón. La imagen de todas esas personas con aspecto de Bonaparte definía perfectamente el manicomio en que se ha convertido Cataluña.

Para empezar, pocos eran los que comprendían por qué Catalunya En Comú había elegido Santa Coloma de Gramenet para la celebración de su Diada, algo realmente extraño habida cuenta de que Ada Colau es la alcaldesa de Barcelona. Los organizadores habían alegado que ese municipio representa la lucha obrera, la defensa de la inmersión lingüística y el triunfo del comunismo en España, pero algunos presentes en el acto no opinaban igual. «Yo creo que no se ha atrevido a hacerlo en su ciudad», decía no sin malicia un hombre que portaba una bandera del PSUC. «Con la que le está cayendo encima por el tema de las urnas y con los escraches que le están haciendo los de la CUP, Colau ha preferido venir a Santako».

De igual forma, entre la concurrencia también se notaba el desconcierto ante la fractura existente entre la directiva nacional de Podemos y su filial catalana Podem, cuyo líder, Albano Dante Fachín, había organizado otro acto frente a la Bolsa de Barcelona para apoyar el referéndum del 1-O, mientras que su secretario general, Pablo Iglesias, había optado por defender en Can Zam que no se pusieran las urnas de un modo ilegal. «Yo he dudado sobre si ir a un mitin u otro», aseguraba una mujer que portaba una bandera de Podem, «pero al final he venido a éste porque creo que no estoy a favor de saltarse la legalidad».
El mismo galimatías mental tenía el basurero que paseaba entre la multitud recogiendo las colillas de los asistentes. No estaba allí por voluntad propia, sino por obligación laboral, pero se notaba que disfrutaba escuchando a Colau, Iglesias y Xavi Domènech. «Yo antes era socialista», explicaba este hombre de Guinea-Bissau que, aun teniendo nacionalidad portuguesa, vive en Barcelona desde hace 25 años, «pero ahora soy de Podemos». Y a la pregunta sobre su participación en el 1-O, respondía: «Es que no sé si me dejarán votar, pero, si es así, me inclinaré por el sí». Cuando este cronista le explicó la división de opiniones entre los líderes de Podemos y de Podem, el hombre se encogió de hombros y dijo: «Joder, sí que es complicado todo esto». Amén.
El popurrí de banderas también fue una de las notas del evento. Las había de Podemos, de Podem, del PSUC, de la Red de Socialistas Unificados de Catalunya, de la República y senyeras, pero no se veían más de dos o tres esteladas. Una de ellas la llevaba anudada al cuello una veinteañera que había acudido sola al evento. «Sí, ya me he dado cuenta de que no hay más esteladas», explicó, «pero aquí estoy yo con la mía». Preguntada por su filiación política: «No soy de Catalunya En Comú, pero he venido para escuchar a Colau. Quiero acabar de entender su postura respecto al referéndum».

Este interés por comprender a Ada Colau se reiteraba entre otros asistentes, como por ejemplo en una mujer alemana que, tras vivir 20 años en Barcelona, se ha hecho independentista. «Pero independentista legal, ojo», añadía. «Quiero un referéndum, pero que sea pactado con el Estado». Y para demostrarlo, mostró una bandera con el lema pro-consulta «SÍ» que ella había transformado, gracias a un rotulador, en la frase: «aSÍ no».

El acto terminó sobre sobre las dos de la tarde, hora en que la Ronda Litoral estaba atestada de autocares fletados por la Assemblea Nacional Catalana para la celebración de la Diada en el centro de Barcelona. En los túneles, los coches pitaban mientras enseñaban las esteladas. Entre los que hacían sonar la bocina, también estaban los que venían de Santa Coloma de Gramenet. Algunos no se habían quitado el bicornio de Bonaparte.

(Crónica publicada en El Mundo, 12 de septiembre de 2017).