Laboratorio de ideas

EL ESPAI Contrabandos es, probablemente, la librería más evolucionada de Barcelona. Sus clientes no buscan las novedades, no se dejan arrastrar por las modas, no compran entretenimiento. Hacen todo lo contrario. Porque ellos son la avanzadilla de las ideas que, dentro de cinco, diez o veinte años, todos asumiremos como indiscutibles. De ahí que no sea un local apto para todos los públicos. Ni siquiera para los que, debido a nuestra profesión, andamos todo el día buscando cosas nuevas.

El viernes pasado se presentó un ensayo, Masculinidades y feminismo (Virus), del sociólogo y activista Jokin Azpiazu Carballo, un vasco que anda enfrascado en el estudio del papel que deben asumir los hombres en el nuevo marco de la liberación de la mujer. La librería estaba tan llena de gente de estética alternativa que, cuando el acto empezó, no cabía ni un pendiente más. De hecho, sólo tuve que poner un pie dentro para sentirme fuera de lugar. Y tanto fue así que, lo reconozco, pensé en marcharme, de tan incómodo como me sentía. Pero de repente empezó la charla y quedé atrapado por las palabras que allí se dijeron.

Jokin Azpaiazu ha buscado la verdad oculta tras los hombres que se las dan de feministas y su ensayo apunta a los que encabezan manifestaciones en defensa de la mujer, levantan el puño más alto que sus compañeras y sueltan consignas que, en sus bocas, parecen a veces ridículas. Las presentadoras, Bárbara Biglia y Sara Barrientos, ambas también activistas, estuvieron de acuerdo con el discurso e incluso advirtieron del peligro inherente al hecho de que ellos quieran ser más feministas que ellas, ya que esto puede acabar provocando que los hombres se reapropien de los espacios ganados por la mujer.

Pero lo interesante del debate fue que no se llegó a ningún sitio. Y esto, por extraño que parezca, confirió a la presentación un aire de honestidad poco habitual en actos de este tipo, donde normalmente los autores se dedican a sentar cátedra y los asistentes a aplaudir satisfechos. Aquí la gente venía a discutir, a refutar, a crear paradojas tan enrevesadas -como, por ejemplo, que los hombres deben renunciar a sus privilegios, pero que el hecho de poder renunciar a un privilegio ya es un privilegio en sí, puesto que sólo pueden hacerlo quienes lo tienen- que impidieran que el debate acabara en acuerdo.

El carácter asambleario de la presentación hizo que el acto se alargara más de la cuenta, y como yo tenía otros compromisos, me marché antes de tiempo. Con todo, me fui con la sensación de que había asistido, acaso por primera vez en mi vida, a un auténtico laboratorio de ideas, esto es, un lugar donde nadie trata de vender su moto, sino donde las bases del pensamiento político se reúnen para analizar el mundo en el que vivimos y donde luchan no por imponer sus ideas, sino por dar con ellas.

Tal vez el jueves pasado los asistentes a la presentación salieran igual que habían entrado, puede que incluso lo hicieran todavía más dubitativos, pero es seguro que, con el paso del tiempo, alguna de las ideas que se gestan en esta librería acabará germinando, creciendo y cambiando el pensamiento de todos nosotros. Y, cuando eso ocurra, la gente del Espai Contrabandos la rechazará. La considerará una idea dominante y le dará la espalda, creando una nueva paradoja de la que, sin duda, no podrá liberarse. Pero ese es su trabajo, pensar aquello que los demás ni siquiera intuimos, y desde aquí, desde la comodidad del pensamiento burgués, sólo podemos agradecer semejante esfuerzo.

(Artículo publicado en El Mundo Cataluña el 2 de mayo de 2017).