Balada de Nueva York

En la mítica serie de televisión ‘Canción triste de Hill Street’ (NBC, 1981-1987), el sargento Philip Freemason (Michael Conrad) siempre terminaba el briefing con sus chicos de la misma manera: les señalaba con el dedo índice, arqueaba una ceja y decía ‘¡Tengan cuidado ahí fuera!’. Después, los agentes salían a la calle y se enfrentaban a una ciudad copada de proxenetas, toxicómanos, prostitutas, negratas, taxidrivers y demás indeseables que convertían las calles de Nueva Yorken un auténtico infierno donde la muerte flotaba en el ambiente con la misma densidad que los vapores emanados por el alcantarillado. La serie dibujaba una capital del mundo derrotada por la crisis económica y por la especulación inmobiliaria, y el resto de occidentales –o al menos yo- veíamos cada capítulo con una sola idea en la cabeza: ‘No viajo a Nueva York ni por todo el oro del mundo’.

Pues bien, esa metrópolis peligrosa, y al mismo tiempo creativa, vuelve a estar de moda, porque, si la HBO estrenó recientemente la serie de televisión ‘Vinyl’, en la que recrea el mundo de la música en el Nueva York de la década de los 70, ahora Garth Risk Hallberg (Lousiana, 1976) irrumpe en el mundo literario con su monumental opera prima ‘Ciudad en llamas’, un tour de force de un millar de páginas en el que retrata tanto las miserias de los barrios marginales como los oropeles de las zonas de alto standing de aquella urbe. Hasta el momento, el autor sólo había publicado relatos y ensayos breves en medios como The New York Times Magazine, New York Magazine, The Millions y otros de carácter similar, pero ha sido la aparición de esta novela lo que ha puesto su nombre en boca de todos, habiendo llegado a ser colocada entre los mejores libros del año por The New York Times, The Washington Post, National Public’s Radio y Barnes & Noble.

En apariencia, ‘Ciudad en llamas’ es una novela coral sobre el amor, la traición y el perdón que tiene como telón de fondo la escena punk –con Patti Smith a la cabeza- que despuntaba en aquel momento, pero en realidad se trata de un homenaje a ese Nueva York de 70 en el que podían verse ‘páginas de sucesos revoloteando desde las alcantarillas’. El hilo argumental es el asesinato de una jovencita en Central Park durante la Nochevieja de 1976. Este crimen implica, de un modo u otro –y en ocasiones de una forma un tanto inverosímil-, a una caterva de personajes que abarca todos los estratos sociales y que permite al autor mostrar la ciudad desde distintos puntos de vista. Así, hay un niño de papá que monta un grupo de música punk, un afroamericano que sueña con escribir la gran novela americana, un especulador inmobiliario que no tiene reparos a la hora de incendiar edificios, un cantante nihilista que está lleno de inseguridades, un adolescente que quiere conocer el lado salvaje de la vida y, en definitiva, una docena de individuos cuyo destino confluirá de nuevo en una de las noches más famosas de la Gran Manzana: el apagón del 13 de julio de 1977. Y, entre medio, una ingente cantidad de subtramas, incluyendo la reconstrucción del pasado de los protagonistas, y seis interludios que simulan ser documentos reales –incluyendo manuscritos- y que aportan verosimilitud a la historia.

‘Ciudad en llamas’ se suma a no pocas tradiciones narrativas. Desde un primer momento, son evidentes los ecos del Charles Dickens más crítico con la pobreza y de la Donna Tartt de ‘El jilguero’, cuya trama en torno al mundo del arte, de la marginalidad y de la rebeldía en los barrios altos parece sobrevolar esta novela de un modo francamente molesto. Pero la presencia de Nueva York como personaje principal apunta hacia otros autores que han convertido esa misma ciudad en la protagonistas de sus obras más importantes, como Francis Scott Fitzgerald, J.D.Salinger, Martin Amis y, sobre todo, ese Tom Wolfe que tan majestuosamente describió las bajas pasiones de la metrópolis en ‘La hoguera de las vanidades’. Así pues, una novela para nostálgicos de una ciudad que hoy, atestada de turistas y de controles de seguridad, simplemente no existe.

 

LAS CLAVES

-Nochevieja de 1976: La novela arranca el 31 de diciembre de 1976, cuando se produce el asesinato de una joven que decide no asistir a un concierto de música punk. Con esta excusa, Gary Risk Hallberg describe la escena artística del momento: ‘El punk era un dios celoso, que no soportaba la existencia de otras músicas además de él (…). En privado, pensaba que Horses quizá fuera el mejor álbum de la historia; debía de haber escuchado mil veces la canción Birdland’.

-Hell’s Kitchen: Aunque la novela describe diversos ambientes de la ciudad, Hell’s Kitchen es el posee la carga más simbólica de cuantos aparecen: ‘Gradualmente, las manzanas fueron despoblándose. A esa hora Hell’s Kitchen se componía mayoritariamente de solares de escombros, chasis quemados de coches y algún que otro mendigo en los semáforos. Parecía que hubiera explotado una bomba y sólo quedaran los parias (…)’.

-Gran Apagón del 13 de julio de 1977: Del 13 al 14 de julio de 1977, la ciudad de Nueva York sufrió un corte de suministro eléctrico que, a diferencia de los ocurridos en 1965 y en 2003, provocó innumerables desórdenes públicos. En ‘Ciudad en llamas’, este apagón se describe durante 150 páginas: ‘El propietario del colmado, mientras, entra en la tienda, cierra la puerta tras de él y se sienta en un taburete, a oscuras. Se aferra a la escopeta como a un perro faldero… Demasiado tarde, pero ¿quién sabe? Pueden atacar otros vándalos’.

 

 

‘Ciudad en llamas’

Garth Risk Hallberg

Traducción de Cruz Rodríguez Juiz

Literatura Random House, 2016

1040 páginas, 24,90 euros

 

(Artículo publicado en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia).