Apocalípticos y esperanzados

Acudo a la entrega del premio Biblioteca Breve, que este año recae sobre Fernando Marías, y charlo con los escritores y periodistas culturales que acuden al acto. Han venido de todos los rincones del país y, poniendo la oreja en los distintos corrillos que se forman alrededor de los canapés, recopilo opiniones sobre el sector editorial. Y así es como descubro que, a este respecto, reina cierta unanimidad: la cultura está herida de muerte. No hay dinero, no hay esperanza, no hay ilusión. De hecho, prestando atención a los comentarios de los presentes, parece que la catástrofe no acaba ahí: la industria editorial está fatal, de acuerdo, pero también lo está el país, el continente, el planeta, el Sistema Solar e incluso la Vía Láctea, siempre amenazada por ese agujero negro que devora los cuerpos celestes desde el centro de la galaxia. Ay, el Universo se extingue y en el Biblioteca Breve la gente se consuela devorando croquetas y pidiendo una cerveza más.

El mundo cultural es apocalíptico. Lo era cuando el sector editorial nadaba en la abundancia y lo sigue siendo cuando el caudal del río desciende. Y es que a los intelectuales les gusta mostrar su pesimismo, creen que les hace parecer más interesantes, hay cierto postureo en eso de lucir la depresión. Ahora se ha muerto José Manuel Lara Bosch y los cenizos vaticinan la disolución del Grupo Planeta. Se mira a los herederos con desconfianza y se encuentra un nuevo motivo para la desilusión. Paralelamente, se ha anunciado un cambio en la dirección de la revista ‘Qué Leer’, y en uno de los corrillos del Biblioteca Breve se despotrica contra el nuevo director, David Zurdo, sin que nadie, absolutamente nadie, sepa siquiera quién es. Dicen que lo hará mal, que la publicación perderá calidad, que se avecina un nuevo diluvio universal. Lo mismo ocurre con el anuncio del nacimiento de una nueva revista cultural en la red. Se llama ‘Librújula’, la ha montado el ex director de ‘Qué Leer’, Antonio Iturbe, y los pesimistas ya saben lo que el destino le depara. La gente desea que la empresa llegue a buen puerto, pero todos miran al suelo y mueven la cabeza en señal de resignación. Son escritores y ya se sabe.

Los intelectuales son negativos por naturaleza. No ven más allá de sus narices y prefieren llorar antes de saber por qué. En vez de ilusionarse por las posibilidades que el futuro ofrece, se flagelan públicamente cruzando los dedos para que les caiga otro canapé. La incorporación de un nuevo consejo directivo en el Grupo Planeta puede abrir nuevos horizontes en el negocio editorial y los herederos de José Manuel Lara tal vez incluso lo hagan mejor que su antecesor. En realidad, cuando murió Fernando Lara, nadie daba un duro por su hermano y, sin embargo, José Manuel no sólo mantuvo el barco a flote, sino que lo convirtió en un portaaviones fenomenal. Tampoco parece que nadie vea la suerte que tenemos al contar ahora con dos revistas culturales, ‘Qué Leer’ y ‘Librújula’, en vez de una sola. Las posibilidades de escribir y leer buenos reportajes se duplican, y aun así los (malos) escritores y los (peores) periodistas se echan las manos a la cabeza mientras reclaman al camarero una de esas cervezas que no han de pagar.

Pero en cierto momento, cuando ya parece que todo es depresión, aparece el escritor y periodista Sergio Vila-Sanjuán y, cuando le pregunto por la situación del mundillo cultural, dice algo que no puedo olvidar: ‘Bueno, estamos viviendo el típico retraimiento previo a la expansión’. Un optimista entre nosotros, pienso, y me entran ganas de llorar. Abandono el acto con el corazón más alegre y, mientras camino hacia mi casa, no puedo más que desear a Toni Iturbe, a David Zurdo y a los herederos de Lara toda la suerte del mundo. La van a necesitar. Porque, a tenor del tipo de gente que pulula por el sector editorial, nadie les va a ayudar.

(Artículo publicado en el suplemento 'Tendències' de El Mundo (Cataluña) en febrero de 2015).